Me gusta más cuando la sueño

de Reinaldo E. MarchantPortada libro Reinaldo

Para llegar a comprender con amplitud esta novela de Reinaldo E. Marchant hay que abrir este corazón de niño que todos tenemos, y que con el tiempo vamos olvidando, presionados y exigidos por las convenciones sociales; por las normas y manuales de buena conducta, a lo que en una sociedad de consumo como la nuestra, se van agregando otros elementos que más bien estimulan el egoísmo, el individualismo, la competencia, la intolerancia y la discriminación.

“Me gusta más cuando la sueño” es una novela acerca de la vida de un niño, como todos los niños, pero también un niño singular; (recordemos que todos somos iguales pero distintos). Peter, el protagonista de la novela, es un niño que nació con Sindrome de Down, lo que en el ámbito educativo se denomina niños con necesidades especiales. Me atrevo a decir un niño con las mismas necesidades que todos los niños, tanto materiales como espirituales, pero con una forma de relacionarse con su entorno y con la vida de manera distinta. Un niño cuya sensibilidad lo hace percibir como si fuera otro ser, lo hace mirar y ver así como ven los otros; es decir una persona íntegramente relacionado con el mundo que lo circunda. Haciendo una reflexión, como tantas que nos brinda Peter a lo largo de la novela, manifiesta uno de sus deseos diciendo: “-Si en alguna ocasión tuviera poder, decretaría que la etapa de la infancia sea más larga que la etapa adulta”

En esta obra literaria nos encontramos con un niño que aprende de lo que observa, mirando actuar a su madre, a su padre, a sus hermanas y a los personajes de su vecindario. Se da cuenta de las cosas de la vida y las siente. El niño descubre la belleza observando la belleza de los árboles, de los pájaros, de las aguas del río, del revoloteo de las palomas, de la majestuosidad de la montaña y de la inmensidad del universo, y de las personas que están junto a él. Siente el amor y lo vive con intensidad. Desde su mundo onírico Peter dice: “Soy un niño que la mira desde el hueco de mis pensamientos”. Es un ser humano sensible que siente el sonido del silencio y en él encuentra su mundo. Es un niño de pocas palabras, sin embargo lleno de pensamientos. Se da cuenta del mundo en que vive, de lo que piensan y sienten las personas. Además tiene plena conciencia de sí mismo y se da cuenta de sus limitaciones, las mismas que todos tenemos, sin embargo Peter tiene también algo que muchos de nosotros perdemos con el tiempo, esto es la capacidad de soñar. Peter es un soñador por excelencia.

Esta novela gira en torno a los sueños y Renaldo E. Marchant los ha puesto en la vida de un niño con Síndrome de Down; es el niño el que cuenta, el que dice “su palabra” con pocas palabras pero cargadas de imágenes. Es una novela que se mueve en una atmósfera de ensueño: “Sólo cuando sueño me considero un ser normal” dice Peter en una de sus frases en que se explica a sí mismo, y agrega: “Soy de tocar los sueños. Los palpo. Acaricio. Tienen forma elástica los sueños…Tienen corazón y energía. Se divierten en los ojos chispeantes…Son lo contrario de la muerte”. Es aquí donde aflora en su pensamiento, el hilo que conduce su vida y le da fuerza y sentido: “…Lo triste no es soñar; lo malo es no tener sueños” Esto es filosofía, es pensamiento en la mente de un niño; es conciencia en la vida de un niño. No en vano Jesús dijo: “Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el reino de los cielos”. Claro, porque el Reino de los Cielos es un paraíso, un reino de sueños y de eso que los niños conservan: la inocencia.

Desde el punto de vista literario en esta novela uno se encuentra con un mundo más integral, menos fragmentado. Se unen los sueños y la realidad, pero como estamos acostumbrados a verlos separados, tal vez nos cueste comprenderlos como un todo. Al leer uno tiene la sensación de entrar en un universo sorprendente, lleno de fantasía, colmado de imágenes que forman verdaderos cuadros surrealistas, de encanto, a la manera como nos encantan los cuentos de hadas. Todos somos iguales, todos pensamos, todos sentimos, nos ponemos tristes o alegres y nos comunicamos. Peter es Peter, pero también es un pájaro. Tiene alma y alas de pájaro. Su otro yo es un zorzal, que un día llegó pernoctar a su casa, se transformó en su confidente, con quien siempre conversaba y llegaba a “representar y conocer las cosas imposibles”. Desde el momento en que Peter se encuentra con  “Caruso”, el magnífico zorzal; “una utopía convertida en realidad”, su amigo y confidente: su otro yo; su vida cobra sentido.  Consideraba que los zorzales eran descendientes de su misma línea sanguínea.

Esta relación del niño con los demás seres vivos, con la naturaleza en su conjunto se manifiesta en forma permanente a través de la novela. El entorno geográfico en el que vive Peter es la ciudad, el paisaje urbano, pero su casa está enclavada cerca del río Mapocho, con sus puentes y pasos peatonales, a pasos del parque, con grandes y frondosos árboles y una abundante flora y fauna. Un paisaje pletórico de formas y colores, de luces y sombras, que son las que estimulan su imaginación. El canto de los pájaros y del gallo es música del alma y Peter está atento a escucharla y apreciarla. Vivía en un hogar sencillo, con su madre, amante de las plantas; un padre “el gordo” amoroso, simpático y simple, que le gustaba cantar a lo Caruso; y una hermana que toca piano. Entonces nos encontramos con un ser humano que crece en un ambiente cargado de estímulos para sus sentidos, provenientes de la naturaleza como del ambiente social. Aquí se desarrolla su mundo interno muy intensamente. A pesar de que Peter se sentía feliz de haber nacido “no importando con cuáles desventajas”, también pensaba que era un enigma para los demás: “una cría imperfecta”, como lo manifiesta en varios pasajes.

Lo anterior, sin embargo, tratándose de una novela, nos pone frente a un tema y una realidad muy importante cuando hablamos de ciertos valores y de ciertas problemáticas que se dan en la sociedad. El tema de la diversidad, de la tolerancia, de  la comprensión y de la aceptación del otro, distinto en sus características físicas, raciales o de género, se encuentran planteados en esta novela. Reinaldo E. Marchant lo ha sabido plantear con la maestría de un escritor con oficio y sensibilidad humana. No es un ensayo, un tratado, un panfleto o declaración de principios. Es simplemente una obra literaria, que a través de sus mecanismos, de sus imágenes poéticas, sus figuras retóricas y la simpleza y claridad de las palabras, nos habla de un mundo sorprendente y maravilloso, con mucha claridad y transparencia. “Me gusta más cuando la sueño”, un título eminentemente romántico, es una novela que nos propone un tema muy relevante para la educación: la integración y el respeto a la diversidad. A través de su personaje nos plantea preguntas y valiosas reflexionas que nos hacen mirar hacia adentro y cambiar nuestra actitud. Nos motiva a dialogar, conversar valorarnos más como seres humanos.

A lo largo de las páginas de este libro uno se encuentra con múltiples pasajes y pensamientos que emocionan y que provienen de la esencia humana. Son puestos en las páginas por el escritor, cuya misión es hacernos ver la vida en plenitud, mostrarnos la realidad con todas sus aristas, pero con ese toque del arte que es la belleza. Como lo dice Peter en una de sus reflexiones: “La belleza también se anida en unos pensamientos que el mundo ignora”. Creo que es este caso, se cumple el propósito que él manifiesta en las primeras páginas de esta obra, cuya pretensión no fue escribir una novela sino “abrir una puerta”, “para que conozcan mis paisajes” y para “descubrir al hombre que se oculta”. En estas páginas nos encontramos con “esa cría imperfecta que somos todos” y que la poesía y la literatura nos ayudan a descubrir. Como en los cuentos de hadas, a pesar de las angustias e incertidumbres por las que el personaje pasa, hay un final feliz. A pesar de que Caruso muere, no es una muerte real, porque la vida se encarga de renovarla, especialmente para los que sueñan. Es un ciclo. “Los que sueñan no se rinden nunca” dice el gordo (su padre) Entonces  Ismael, su amigo artista, “lo pinta junto a una montonera de pájaros exóticos. Uno de ellos es Caruso”…”un huevo de color, minúsculo, perteneciente a un ave de pecho anaranjado, que según dijo, eligió el macetero de greda para fecundar, extender el derrotero de su raza  y el asombro de un joven inconcluso”.

Termino este comentario de la novela de Reinaldo E. Marchant, expresando que a través de su lectura he descubierto aristas de mi propia inconclusividad, y al mismo tiempo sus páginas me estimulan a seguir haciéndome.

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