La Poesía de Jorge del Río

Por Editorial Amanuense Chile

Toda gran poesía es un ir hacia el hombre, hacia la humanización de la vida, que al parecer, va en sentido contrario. De alguna manera los poetas bregan por rescatar el Ser desde los infiernos; levantarlo desde el abismo, sacarlo de la temporalidad hacia un mejor sitio.

Algo de este afán encontramos en la poesía de Jorge del Río, que  no habla de si mismo; deja que su poesía diga, aunque parezca un contrasentido, porque la poesía de este poeta es una poesía del ser. Y para decir hay que buscar, hurgar y construir. Es una construcción, un hacerse lentamente en la palabra. Al emprender su lectura y seguir el hilo de sus versos uno se siente llevado por una letanía. Es una melodía como un ondear de olas que de pronto se agita en tormenta. Así como sus versos discurren, Jorge del Río es un poeta que vive para construirse y encontrarse: “Yo soy en lo que me encuentro / Yo en lo que me construyo y yo en lo/ que me deshojo” Esta letanía de la existencia es constante: “dónde cuando me busque al morirme/ una y otra vez/ dónde después de preguntarlo” Y su caminar se cierra en el círculo del ser: “Yo seré después aquí/ aquí dónde siempre seré en mí/ siempre en mí seré

Su lenguaje es existencial; se busca, se halla, se pierde; se reencuentra. Habla para si mismo como si hablara para otro. Habla para otro como si lo hiciera para si mismo. Es un diálogo abierto, constante e inacabado. Su poesía es un batir de olas leves, fugaces o eternas, en un mar que está más adentro que afuera. Por eso nos dice: “miro como la vida a mis adentros mira desde afuera

“El hombre es carencia de ser, pero también conquista del ser” dice Octavio Paz en su “El Arco y La Lira! Este, creo, es el afán permanente del Poeta Jorge del Río no solo a través de Los poemas del callejón de adentro, sino también de sus libros anteriores, Adiós a los años duros (1991) Vuelvo al origen (1999) y Soy desde la muerte (2001)

“Adiós a los años duros”(1991) en su totalidad es un canto que linda en lo  épico; un camino personal donde otros también van; “Porque oigo el gemido de los pies mojados”/ “Oigo como la sombra me coge con su mano muerta”/ “He comido el murmullo/ de las flores/ postergadas en los maceteros”/ “estoy a los otros visitando/desde recién” Es una batalla personal, una lucha por despertar: “tiemblo afortunadamente…/tiemblo entero de vida”…El poeta se da cuenta que no va solo:”Hemos crecido con el humo alrededor”…”Y vengo/ he venido aquí desde la sangre”.

La poesía puede parecer un ejercicio muy personal, pero nunca se puede pretender que no se relacione con la vida total, con el ser humano en su conjunto, aunque sus imágenes sean oníricas o desplegadas como en la explosión de un abanico, en un espacio indefinido. Era el fin de la dictadura en Chile. La épica de “Adiós a los años duros”  semeja el vertiginoso movimiento de las aspas de un molino de vientos, con sus pausas y arremetidas, donde el poeta reconoce sus caídas: “Y caí…en el pan que nos asesina”…De alguna forma el poeta pasa su temporada en los infiernos: “Y entré en los ojos de los muertos”. El poemario fue publicado luego del retorno de la democracia en Chile. Por eso algunos versos insinúan un cierto júbilo, cierto despertar, renacer desde las cenizas, aun con la posibilidad de ser: “Estamos con el sueño abierto”. Hay conciencia de que no todo esta perdido para el hombre. “En las cenizas de adentro/ los papeles se tallaron”. Para muchos esos años duros fueron una experiencia traumática que nos hizo despertar: “He aquí la máscara muerta/…Adiós a la duda de mis ojos/…navegamos entonces…/con el rostro de la libertad, en la proa de la fantasía”.

Y llegamos, a mi juicio, a los versos más hermosos de este poemario: “Es el hombre me dijeron/ la piedra arrojada al rostro/ la flecha sajando la aurora/…/es el hombre me dijeron/ la batalla de los hombres tuertos/ la miel escasa de sus panales. Las balas me dijeron, las hojas fenecidas / los fusiles desafinados/ los cañones de plumaje tordo”. “Adiós a los años duros…/he visto el cielo recoger sus hojas/ y al aire ensangrentado de este siglo…/ A las piedras volveremos/ con la rosa desvencijada en los maicillos…/ que vengan los oleajes/ el roquerío de las cumbres/…que luego de las sed me dejen palpar el agua/ y mi deseo de salir…/ que vengan los galopes/ las carretas de madera…/ Voy a volver a nacer”

En los Poemas del callejón de adentro (2004) resuena una voz muy personal y distinta, pero igual. Es una voz que surge desde si mismo y para si mismo, no sin dejar de ser la voz de otros. Esa igualdad radica en que comparte el afán de todo poeta de revelarnos la condición humana, por eso es un poeta que habla en solitario, se habla a si mismo y a los demás.

“Esa que viene en la ola
es mi voz que golpea con furia…”

Al oírse esta voz, también escucha la voz de los otros. Y en esos otros está el hombre mismo:

“Tengo por mi canto a todo el hombre
que viene por mis ojos adentro.”

Y luego, reafirmando su afán de búsqueda y encuentro con el ser del hombre, el poeta nos dice:

“Yo escucho mi voz
desgajándose de mi garganta…
Así como yéndose a la vastedad
Yo la escucho en mis abandonos.”

Desde aquí ya se anuncia la bajada del poeta a los “Infiernos” en su tarea de rescatarse a si mismo. ¿Rescatarse?, ¿Desde dónde?, ¿Desde qué?

Ese amplio callejón es una forma de señalar la vida misma, pasadizo por el que vamos resolviendo nuestras necesidades, nuestras angustias y nuestras esperanzas. ¿Dónde está la salida? ¿En la vivencia intensa de la vida? ¿En la poesía misma? En esta búsqueda constante; en esta bajada, pareciera que el poeta no encuentra una respuesta definitiva. Nos dice en su poema “A mis honduras”

“Es que de tanto ir a la hondura la hondura se me hizo obscura”

El poeta se ha entregado a su palabra, no hay pretensión más que hacerse en la poesía. El silencio que toma lugar en su poesía es su herramienta y su razón. Aquí está lo que toda poesía debe traslucir, la permanente inquietud por el sentido de la vida, el cuestionamiento de la existencia y la búsqueda de la permanencia. Es una poesía del ser, y su presencia en otro tiempo. Aunque su mayor inquietud es la vida, también la muerte lo hace proferir su aullido. En su poema “A mi tristeza”, hablándose, a todos nos interroga:

“Y la vida ¿Qué será vivirla sino el riesgo permanente de morirla?

Si coincidimos en que la poesía es lengua desgarrada o arrancada, como lo diría S. Pey, en los poemas del callejón de adentro encontramos también la imagen del hombre desgarrado, pero que sin embargo se encuentra y se unifica en el lugar mismo de la poesía.

“Es que amo la poesía allí frase adentro donde permanece ardiendo”

El poeta es un solitario que busca un fin para el ser humano en su totalidad. “Yo el que habita en cada individuo de mis soledades/ yo permanezco/ yo solo drenado en mi sombra

Volverse hacia si mismo no significa desconectarse del flujo universal y dejar de pertenecer al todo. El poeta busca, brega por encontrarse; por hallarse, para ser en ese hallazgo. La poesía contiene esa totalidad ardiente. En estos poemas de Jorge del Río llama la atención ese “Yo” que aparece constantemente; esa voz que se habla a si mismo, pero que al leerle es un “Tú”, como el propio poeta lo ha manifestado. Entonces ese “Yo” es una invitación constante a ser “Tú”, es decir, a través de la primera persona, encontrarnos todos en un mismo lugar. Pero finalmente el encuentro ocurre en la poesía: “Porque vienes conmigo melodía/ Ahí contigo yo vengo en la envoltura de tus sonidos”…”Yo soy lo que nadie / Lo que nadie dice… Solo mi verso como campana / Yo soy en mi verso

Los poemas de Jorge del Río están en un lenguaje sencillo, esencial; que alcanza su madurez personal, pero que está hecho de palabras que llegan más allá de su habitual significado. Son palabras que se trenzan para decir lo indecible; que erigido en sus imágenes, alcanza su plenitud, es decir; la poesía.

* * *

Jorge del Río; poeta nacido en Santiago, 1955. Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile y Director de la Fundación Gonzalo Rojas. Ha participado en numerosos encuentros, presentaciones y lecturas poéticas de diversa índole y con distintos poetas nacionales y extranjeros. Sus obras publicadas son: Tiempos de Ensueño, 1986; De los Oleajes, 1988; Adiós a los Años duros, 1991; Hambre tardío, 1993; Los Poemas del Insomnio, 1996; Vuelvo al Origen, 1999; Y Soy de la Muerte, 2001; y “los Poemas del callejón de Adentro“, 2004.

Una respuesta

  1. buen articulo

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